Criada para ser dama de compañía de la futura consorte del rey de Portugal, la leyenda cuenta que Inés de Castro fue desenterrada y puesta en el trono de Portugal para que toda la corte le rindiera pleitesía. Esta es su historia.

Inés nació en Galicia en el siglo XIV en el seno de una familia acomodada, pero la muerte de su madre obligó a su padre a buscarle una ubicación mejor. Siendo tan solo una niña, Inés pasó a ser dama de compañía de la noble castellana Constanza Manuel, nieta del rey de Aragón Jaime II, e Infanta de Castilla.
Precisamente debido a las continuas guerras que libraban castellanos y portugueses, los monarcas de ambos reinos decidieron unir en matrimonio Contanza con el heredero al trono de Portugal: el infante Pedro.
Según cuentan todos los cronistas, en cuanto Constanza se reunió con su futuro esposo llevándose consigo a su corte, el Infante Pedro quedó inmediatamente prendado de la belleza de la joven Inés.
El matrimonio se consumó y dio al heredero tres hijos, aunque sólo dos llegaron a adultos. Pero la atracción que Pedro e Inés sentían el uno por el otro les llevó a convertirse en amantes. Constanza murió en el parto de su tercer hijo, y la relación adúltera del Infante con la joven Inés pasó a ser mostrada sin ningún pudor, teniendo con ella otros tres hijos, pero ganándose los recelos de su padre, el rey Alfonso IV de Portugal.
El obispo de Braga casó en secreto a la joven pareja pocos años después y ambos decidieron retirarse a vivir a Coimbra y a disfrutar de sus hijos.
Pero la estabilidad política parecía tambalearse por varias razones: Pedro se negó a casarse con otra mujer que no fuera Inés, la situación fue empeorando con los años y el anciano Alfonso perdió el control de la corte. El heredero de Pedro, Fernando, era un niño enfermizo mientras que los hijos ilegítimos de Inés crecían fuertes y sanos. Preocupado por la vida de su nieto y por el creciente poder de Castilla en las fronteras con Portugal, Alfonso IV decretó la muerte de Inés de Castro, y mandó a tres de sus más fieles hombres a ejecutar la orden.

Aprovecharon la ausencia del Infante para acatar el mandato real. Degollaron a Inés sin piedad delante de sus propios hijos.
Cuando Pedro regresó y conoció la noticia su mundo se tambaleó. Entró en cólera y desató una encarnizada guerra civil contra su padre hasta que consiguió el trono dos años después.
Y aquí es donde la leyenda cuenta que, tras haber mandado dar muerte a los ejecutores de Inés, mandó desenterrar los huesos de su amada y la colocó en el trono de Portugal para que toda la Corte le besara la mano.
Después ordenó levantar dos tumbas para ella y para él, una enfrente de la otra, para que así, cuando llegara el día del juicio final y el cuerpo de Pedro retornara a la vida, lo primero que vean sus ojos sea a su amada Inés.

Categoria: Historia
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