Todo el mundo quiere venderme algo
Escrito por Comandante Norton el Viernes, 11 de Enero del 2008 a las 6:34 am
Últimamente creo que estoy sufriendo estrés del consumidor. Pienso que constantemente hay gente que quiere venderme algo. Parece incluso algo de manÃa persecutoria. Por eso he decidido a cuantificar las veces que quieren venderme algo a lo largo del dÃa. Este es el resultado.
Desayuno
Tras la ducha de rigor desayuno mis tostadas delante del televisor. Estoy viendo la Televisión pública, esa que pagamos entre todos, y del telediario saltan a anunciarme créditos facilÃsimos, seguros del coche mejor que el que ya tengo y alimentos que engordan poco.
Camino al trabajo.
Al salir de casa espero el autobús, (sÃ, tengo treinta y tantos y cojo transportes públicos en vez del coche), y en la marquesina Charlize Theron trata de venderme una colonia, y para ello no duda en enseñarme el escote. Llega el autobús que anuncia una pelÃcula en su exterior. Curioso que sea algo público, que aún asà yo tenga que pagarme el billete y que, aún asÃ, encima me quieran venderme algo cuando voy a utilizarlo.

En el trayecto pasamos por unas cuantas marquesinas que me quieren vender más cosas, por no hablar de la cosa esa tan horrible del mobiliario urbano que sólo sirve, cómo no, para tratar de venderme nuevas cosas.

Bajo al metro y me encuentro con cartelitos de la Iglesia que quiere recaudar, de la loterÃa del niño y, qué curioso, con otros carteles que venden a los vendedores lo mucho que pueden vender poniendo su publicidad en ese sitio. IronÃas de la vida.

Salgo del metro y encuentro a unos hombres-anuncios con carteles de compra-venta de oro y a gente repartiendo folletos de academias. El camino al trabajo discurre por calles repletas de luminosos y carteles que anuncian sus propias tiendas.
En el trabajo
Me siento al ordenador y echo un vistazo a Internet. La cosa está repleta de banners, que no es otra cosa que otro intento de venderme cosas pero en pequeñito y alargado. En el periódico, en blogs… Incluso en este que leéis abajo a la derecha podéis encontrar publicidad de google. Asà es la vida.
Vuelta a casa
Regreso a casa reandando el camino a la inversa y me encuentro con todo de nuevo: tiendas, hombres-anuncio, mobiliario urbano, repartidores de folletos, carteles en el suburbano, autobuses-anuncio, marquesinas…
Después de comer me siento ante el televisor y pongo el telediario. AquÃ, pienso, no me van a querer vender nada. ¡Craso error! La locutora aprovecha para poner unas imágenes de modelos con los nuevos biquinis de Victoria’s Secret. Después me dice que esa noche echan Los Borgia que está fenomenal y no sé qué más. Dicen que eso es autopromo. Hasta el del tiempo, después de decir que las cosas al dÃa siguiente irán más o menos como las de hoy, vuelve a comentar que no me pierda Los Borgia esa noche. Y después se van a los anuncios convencionales. Apago la tele.
De paseo
Me voy al cine por la calle atravesando todos los estÃmulos anteriores, y me meto a ver una peli que por supuesto me han vendido antes. Sentado en la butaca y habiendo pagado 6 euros y medio me tengo que tragar otros anuncios más y el intento de venderme otras pelÃculas. PodrÃan descontarme eso de la entrada digo yo. Pero no pasa nada, estamos acostumbrados a pagar y que encima nos quieran vender cosas. Asà pasa con periódicos, revistas…
Luego me meto en un Starbucks empujado por mi novia a tomarme un café en vaso de plástico y a que me cobren un quintal por él, en vez de tomarme un café de igual o mejor calidad en una taza y a precio razonable en cualquier otro sitio. ¿Por qué? Porque me han vendido que Starbucks mola.
Reflexiones.
Acabamos de atravesar la época de las Navidades donde el consumismo se dispara y donde te hacen sentir un idiota si no te compras un móvil nuevo, o la Nintendo, o la Wii o la Psp, o un Gps, o, quiera dios que lo tuvieras antes, si no te compras un ipod, que sirve para lo mismo que cualquier otro reproductor de mp3, pero que te vale mucho más caro porque es más bonito.
Sufro estrés del consumidor. Me gustarÃa que por un solo dÃa, nadie tratara de venderme nada, pero he llegado a la conclusión de que es imposible. DeberÃa de quedarme en casa sin encender la televisión ni la radio, ni leer ningún periódico o revista, y renunciando a comer nada que venga envasado porque también es otro anuncio de sà mismo. Y ni se me ocurra ponerme a jugar a un videojuego porque están plagados de anuncios. Y eso a pesar de que cuestan unos 60 euros de media.
Y sé que no puedo pasar ni un dÃa asÃ. Y es frustrante.
Otras entradas que te pueden interesar:
Categoria: Televisión, Nuevos Estilos, Internet, Publicidad, Anuncios
- Añadir este post a
- Del.icio.us -
- Promoting Blogs -
- Digg -
- Meneame
Pingback de Todo el mundo quiere venderme algo
Realizado el Viernes, 11 de Enero del 2008 a las 11:36 am
[…] Todo el mundo quiere venderme algonosolodepanviveelhombre.com/blog/2008/01/11/369 por norton hace pocos segundos […]
Comentario de curioso
Realizado el Viernes, 11 de Enero del 2008 a las 12:13 pm
Sólo tengo una pregunta:
¿Qué camino al trabajo sigues para ver una marquesina del Ayuntamiento de Valencia y un vagón del metro de Madrid en el mismo trayecto?
Gracias.
Comentario de void
Realizado el Viernes, 11 de Enero del 2008 a las 12:23 pm
Cuando un sabio señala el cielo, el necio mira el dedo…
Totalmente de acuerdo con el artÃculo
Comentario de Comandante Norton
Realizado el Viernes, 11 de Enero del 2008 a las 12:25 pm
Las fotos están sacadas de Flickr para ilustrar lo que digo. No me he ido haciendo fotos durante todo el dÃa, no estoy tan loco.
Comentario de moriarthy
Realizado el Viernes, 11 de Enero del 2008 a las 1:10 pm
me ha encantado esta frase:
“carteles que venden a los vendedores lo mucho que pueden vender poniendo su publicidad en ese sitio”
Pingback de No solo de pan vive el hombre » En publicidad se plagia demasiado - I
Realizado el Lunes, 28 de Enero del 2008 a las 7:05 am
[…] se nutre de lo que pilla en cualquier parte para poder vendernos lo que sea, como ya comentamos en todo el mundo quiere venderme algo. En este caso, nos quieren vender leche diciéndonos lo que va a proteger nuestro corazón y […]
