El lavaplatos que se convirtió en multimillonario. La vida de Onassis

Escrito por Comandante Norton el Lunes, 11 de Febrero del 2008 a las 7:07 am

Un griego que tuvo que emigrar para buscarse las habichuelas. No le dejaron entrar en Estados Unidos y eligió Argentina. De su primer empleo como lavaplatos a ser el poderoso multimillonario que fue hay un largo trecho que recorrió. Evidentemente la suerte fue importante, pero su carácter le convirtió en lo que fue.

Cuentan que un periodista le preguntó una vez: “¿Qué haría si perdiera, súbitamente, todo su dinero?”
Su respuesta: “Conseguiría un trabajo que me permitiera ahorrar, al menos 300 dolares. Entonces me compraría un traje caro y me iría a donde estuviesen los ricos”.

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Aristóteles comenzó a trabajar a los 17 años en un restaurante como lavaplatos, le pagaban muy poco, pero tenía un empleo y ganaba algunos pesos. Su pensamiento estaba en escalar posiciones y tratar de multiplicar los ingresos; fue por eso que renunció como lavaplatos en el restaurante y pasó a ser cocinero del ferrocarril.

Después de trabajar como cocinero, pasó a ser peón de albañil y buscó un nuevo empleo, para ello presentó la solicitud en la Unión Telefónica y unos días después lo llamaron para entrar como electricista. Después de un tiempo, un compañero le comentó que se podían filtrar las conversaciones de los pasadores de apuestas. Esta noticia caló hondo en el pensamiento de “Ari” que lo adaptó a una nueva forma de ganar dinero. Inmediatamente pidió ser transferido al turno de noche. Así empezó con el “espionaje telefónico”. Una noche escuchó una conversación en inglés en la que dos financieros hablaban de la repercusión que produciría en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires la compra por parte de un grupo de Estados Unidos del más importante negocio frigorífico de la Argentina.

Al día siguiente, Aristóteles, se conectó con un corredor de Bolsa, le dijo que comprara 2.500 acciones. La sorpresa del corredor se manifestó, cuando liquidó las acciones en sólo 48 horas y a tres veces el valor de compra. El comisionista le preguntó a Onassis dónde había sacado la información, pero este se negó a decirla.

De empleado a empresario

Este primer negocio le dio unos 7.000 dólares - mucho dinero para ese entonces- y luego decidió invertirlo en un nuevo negocio que fue la importación de tabaco desde su tierra natal. A pesar de la ganancia obtenida, no dejó su trabajo como telefonista.

Con el dinero invertido y varios dólares que le quedaban alquiló un hermoso departamento de la avenida Alvear, se compró ropa y comenzó una nueva vida de empresario.

Al principio no le fue muy bien, pero se conectó con el director de la tabacalera más importante de la Argentina. Onassis convenció al empresario y le otorgó su primera orden de compra por 10.000 dólares, luego paso a 50.000 y al éxito del tabaco griego, se sumaron otras empresas de cigarrillos.

En poco tiempo su vida cambió drásticamente y pasó de ser un simple empleado, a un poderoso empresario.

La situación de este joven inmigrante griego había cambiado. Se codeaba con la alta sociedad porteña, concurría a todas las reuniones que los poderosos realizaban, y por supuesto no podía faltar al Jockey Club, lugar de encuentro de los ricos y famosos de aquellos tiempos.

Un día se encontró con Nicolás Mihanovich, un magnate naviero que marcaría definitivamente el rumbo a “Ari”. Con este poderoso empresario comenzó su nueva empresa, que lo llevaría a incrementar su fortuna en forma desmedida.

Así, Onassis comenzó a incursionar en un nuevo rubro: el naviero. Buenos Aires era una ciudad en donde se habían intensificado notablemente los fletes marítimos y el ojo clínico de “Ari” captó el negocio.

Su amigo Mihanovich le vendió por 20.000 dólares una flota de 500 buques, pero a Onassis no le fue del todo bien. Una tormenta que azotó el puerto de Montevideo hundió a varias de sus naves. Tal vez con otra visión, Aristóteles Onassis, decidió vender todos sus negocios en Argentina y se trasladó a Gran Bretaña. Tenía solamente 26 años de edad y su primer millón de dólares.

El resto es historia. Otra anécdota cuenta que cuando le preguntaban que cuál era el secreto de su éxito el contestaba: “¿Ve usted esa silla de ahí? Pues yo la vi primero”.

Via: Los andes.


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